Fue una experiencia muy particular, fue mucho más intensa de lo que esperaba, pero reconozco que no estuve ni cerca de sentirme como los chicos para los que tenemos que diseñar. No veía nada, durante todo el recorrido me entregue al ejercicio y mantuve mis ojos cerrados, me guiaba un hombro y los sonidos de los pasos de los que venían delante mio.
Caminar se convirtió en un desafío, subir unas escaleras ni te cuento. Sin embargo hubo algo del ejercicio que me impresionó bastante, alrededor de 10 minutos luego de iniciar el ejercicio, podía sentir mucho más. No se si era por necesidad de prestar atención a todo, o si mis sentidos se agudizaron, pero el poder escuchar pasos, sentir la textura del piso o oler la humedad en el aire, me daba toda la información necesaria para determinar dónde estaba.
Esa hora de ejercicio se sintió como mucho más, nos divertimos, nos angustiamos, nos perdimos y creo que sobre todo reflexionamos, sobre cómo podríamos llevar a cabo nuestra vida con estos condicionantes, como echariamos de menos estos sentidos que damos por sentados.
Creo que es imposible terminar de ponernos en los zapatos de estos chicos, solo alguien que vive esa situación, sabe realmente cómo es.
Esa hora de ejercicio se sintió como mucho más, nos divertimos, nos angustiamos, nos perdimos y creo que sobre todo reflexionamos, sobre cómo podríamos llevar a cabo nuestra vida con estos condicionantes, como echariamos de menos estos sentidos que damos por sentados.
Creo que es imposible terminar de ponernos en los zapatos de estos chicos, solo alguien que vive esa situación, sabe realmente cómo es.

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